Mitos del amor romántico y cómo olvidarlos

¿Quién no ha escuchado en multitud de ocasiones las maravillas del amor romántico? ¿Pero sabías que estos mitos son el caldo de cultivo ideal para la perpetuación de la violencia de género y la limitación del desarrollo pleno de las personas? Te lo contamos en nuestro artículo.

“Eres mi alma gemela”, “Estamos hechos el uno para el otro”, “Cambiará porque me quiere”, “¿Cuándo aparecerá mi príncipe azul?”, “Los que se pelean, se desean”, “Fueron felices y comieron perdices”…

Seguro que, al leer estas frases, te vienen a la cabeza diferentes cuentos o películas que te encantan y que has visto a lo largo de tu vida. Incluso puede que se asome una pequeña sonrisa en tus labios. Contado así, parece no haber problema, solo es ficción, entretenimiento para pasar el rato, películas bonitas de amor.

Sin embargo, la realidad es que los medios de comunicación son uno de los principales agentes de socialización, ya que terminan conformando nuestras creencias. De hecho, si te fijas un poco más, verás que la mayor parte de las personas de tu entorno se comportan en base a estos mitos del amor romántico.

Es decir, nuestra manera de amar y de relacionarnos es un constructo social y cultural. Reproducimos aquello que vemos y lo catalogamos como normal o adecuado, sin plantearnos sus repercusiones. Pero atención, los mitos del amor romántico son el caldo de cultivo ideal para la perpetuación de la violencia de género, y además limitan el desarrollo pleno de las personas.

Identificar y cuestionar estas creencias es fundamental para prevenir las relaciones tóxicas. Existen multitud de mitos, hoy vamos a desmontar cinco de ellos.

1. La media naranja

Según este mito, solo existe un único amor verdadero en la vida que está predestinado y nos completa. Nos hace creer erróneamente que, antes de la llegada de esa persona maravillosa que aparece gracias a las confabulaciones del universo para traernos la plenitud, nuestra vida no tenía sentido.

Debemos ser conscientes de que esto es falso: tener pareja no es una condición indispensable para ser feliz. Ya somos una naranja completa, un limón, una chirimoya o lo que nos dé la gana de ser.

2. El mito del príncipe azul

Este mito perpetúa la idea de que existe un hombre ideal. Este hombre lo tiene todo: es inteligente, guapo, rico, valiente, fuerte, y además nos va a solucionar la vida. En resumen, es un semidios.

Sin embargo, la realidad es que este hombre no existe, ni falta qué hace, ya que las mujeres no son princesas que necesiten ser rescatadas. Esta creencia desempodera profundamente a las mujeres y dificulta la posibilidad de establecer una relación afectiva sana, al perseguir una expectativa inalcanzable.

3. El amor lo puede todo

Esta creencia sostiene que el amor es más fuerte que cualquier problema, nos lleva a creer que nuestra pareja cambiará porque nos quiere. Interiorizar esta idea supone ponerse una venda en los ojos que no permite ver comportamientos ofensivos y normaliza el conflicto.

Pero, recuerda: no hay ninguna excusa que justifique la violencia. Las relaciones de pareja deben basarse en el buen trato y el respeto siempre, y no todo se puede perdonar. Trabajar en nuestra autoestima es fundamental para establecer límites y poner fin a aquellas relaciones que nos hacen daño.

4. El amor es entrega total

Según este mito, la relación de pareja debe convertirse en el centro de nuestra existencia. Esto nos lleva a fusionarnos con la otra persona, dejando nuestro espacio propio en un plano secundario. Así, aparece la dependencia hacia la pareja, y la exigencia de que sea ella la responsable única de nuestra felicidad. La imposibilidad de cumplir esta expectativa, junto con la despersonalización que conlleva olvidarnos de nuestra propia identidad, supone una terrible frustración.

Mantener nuestro círculo social es muy importante, la pareja es una parcela más de la vida, no la única. En caso de sufrir violencia de género, el aislamiento social supone una dificultad añadida para salir del círculo de la violencia.

5. Si no hay celos, no hay amor

Este mito sostiene que los celos son una muestra de amor. De esta manera, amor y posesión van de la mano, y se limitan las relaciones a la monogamia como única forma posible.

Normalizar los celos supone legitimar las actitudes de control en la pareja, tales como revisar el móvil, restringir las amistades con personas del sexo opuesto, o prohibir el uso de prendas consideradas provocativas.

Las relaciones afectivas siempre deben basarse en la confianza.