La igualdad desde la interseccionalidad

La discriminación hacia las mujeres tiene multitud de variantes en función de la edad, la orientación sexual, la identidad afectivo-sexual, la etnia… Así surge el término de interseccionalidad.

¿Qué es la interseccionalidad? A lo largo de la historia, el feminismo ha combatido la discriminación sistemática que sufren las mujeres. Por ello, sus debates centrales han ido evolucionando a medida que se alcanzaban objetivos: el acceso a la educación, a métodos anticonceptivos, el derecho a voto, etc.

Durante toda su historia, el feminismo siempre ha llegado a la misma conclusión: el poder y el privilegio ciegan, por ello, cuando una persona se encuentra en la parte más alta de la pirámide social (ser hombre, sin discapacidad, heterosexual, blanco, que vive en su propia tierra, tiene salud y cuerpo normativo) es difícil entender que hay personas que se enfrentan a dificultades diarias por el simple hecho de poseer atributos distintos.

El propio feminismo se enfrenta también a esta situación, por ello es vital tener en cuenta la diversidad dentro del movimiento. Para ello se cuenta con la herramienta interseccional.

Una breve introducción a la interseccionalidad

La interseccionalidad se plantea inicialmente durante la segunda ola del feminismo y va muy ligado al término discriminación interseccional. Este concepto fue acuñado por primera vez en 1989 por Kimberle Williams Crenshaw, profesora estadounidense dedicada a la investigación sobre género femenino y etnia negra.

El concepto se trabajaba en círculos sociológicos entre finales de los años sesenta y comienzos de los setenta junto con movimientos multirraciales (mujeres negras, latinas, indígenas, etc.) a la par que se desarrollaba la segunda ola del feminismo, pero fue ganando mayor relevancia a partir de ser acuñado. Esta nueva concepción ganó mucho más protagonismo a partir de 1990, con el surgimiento de la tercera ola.

Con el planteamiento de “qué es ser feminista”, el movimiento cuestionó, desde sus pilares, el sistema de privilegios contemplando todos aquellos factores que limitan el acceso a los mismos con relación a la edad, clase social, origen, etc.

¿Qué es la discriminación interseccional?

Este tipo de discriminación se sucede cuando confluyen otras variables discriminatorias como edad, la identidad de género y/o orientación sexual, la discapacidad, el origen, etc.

En el ordenamiento jurídico español y europeo se utiliza el término “discriminación múltiple” para referirse a estas situaciones, sin embargo, numerosos autores y autoras expertos en sociología y feminismo apuestan por el concepto de discriminación interseccional.

A continuación, os mostramos la rueda en la que se dividen los diferentes tipos de discriminación interseccional.

¿Cuáles son las más comunes?

La discriminación interseccional que sufren las mujeres con discapacidad.

Se manifiesta de diferentes modos, entre ellos: la intensificación, desde el punto de vista social, de las características de fragilidad femenina, la infantilización y sobreprotección por las familias frente al resto de mujeres y los hombres con discapacidad.

Además, mientras que a las mujeres sin discapacidad se las impone socialmente el rol de madre y esposa a las mujeres con discapacidad se les deniega tanto los roles negados a las demás mujeres como aquellos que se encuentran considerados estereotipos femeninos.

La discriminación interseccional que sufren las mujeres LGTBIQ+.

Tras el amplio abanico de diversidades que abarcan las siglas LGTBIQ+ en relación a la identidad y orientación sexual, se siguen perpetuando estigmas hacia todas las personas que se encuentran dentro del colectivo y que afectan a todos los ámbitos.

De esta manera, las mujeres pertenecientes al colectivo son discriminadas por cuestión de género y por cuestiones de orientación sexual y/o de identidad de género.

Más concretamente, la realidad transexual es la gran desconocida, lo que se manifiesta en la ausencia de estudios y datos sobre las características y necesidades de este grupo de población, ya sea al hacer referencia en educación, tasas de actividad y/o desempleo, salud, etc.

La discriminación interseccional que sufren las mujeres con diversidad étnico-racial.

Cuando se habla de mujeres habitualmente se hace referencia a las mujeres identificadas como blancas, lo que supone una invisibilización del resto de realidades que existen. Las mujeres que no cumplen ese perfil son, injustamente, identificadas como mujeres que necesitan asistencia, víctimas destinadas a ejercer empleos de baja cualificación.

Esto es demostrado por la vulnerabilidad de las mujeres inmigrantes, con una tasa de desempleo en el cuarto trimestre de 2018 situada en un 23% frente al 15% de las mujeres españolas. Además, esta cifra aumenta en el caso de las mujeres procedentes de países africanos, alcanzando una tasa de paro del 46%.

La discriminación interseccional que sufren las mujeres gitanas.

El colectivo gitano cuenta con un gran estigma social que afecta especialmente a las mujeres situándolas fuera de la toma de decisiones y relegándola al espacio privado y a la dependencia de la familia y/o marido. Los roles de género, que atribuyen a las mujeres la tarea de encargarse de la compra de productos para la vivienda, se ve estigmatizado bajo el prejuicio de que las “mujeres gitanas roban” y con ello encuentran limitado el acceso a bienes y servicios (supermercados y establecimientos comerciales) siendo perseguidas por guardias de seguridad. Este es sólo uno de los innumerables ejemplos que se puede percibir, y fácilmente demostrar, en el entorno.

La discriminación interseccional que sufren las mujeres con la edad.

Este tipo de exclusión relacionada con la edad se denomina “edadismo”, una postura que afecta tanto a hombres como a mujeres, pero que en el caso de las mujeres está especialmente castigado.

En el caso de mujeres jóvenes (16 a 29 años), el Instituto Nacional de Estadística recoge que la tasa de riesgo de pobreza y/o exclusión social es superior a la de los varones.

La discriminación de las mujeres, además, aumenta con la edad debido a la falta de valoración social general de las personas mayores. A esto hay que sumar que tradicionalmente las mujeres se han hecho cargo del cuidado del hogar dejando su carrera laboral para dedicarse a la familia.

A nivel económico esta situación repercute directamente en el momento de la jubilación, en la percepción de pensiones que son considerablemente más reducidas, limitando así el poder adquisitivo y aumentando el riesgo de pobreza extrema.

La discriminación interseccional que sufren las mujeres por su “clase social”.

En nuestra sociedad, debido al reparto desigual de roles, tareas y actitudes, las mujeres suelen asumir una mayor carga del trabajo de cuidados no remunerado, además de recibir una remuneración más baja (las mujeres de Castilla y León cobran un 29,3% menos que los hombres), poseer menos patrimonio y tener más probabilidades de vivir en la pobreza.

Por ello, las mujeres que se encuentran en la clase social baja o media-baja parten de una situación de desventaja marcada por una dificultad añadida para acceder a ciertos recursos que permitan la promoción de oportunidades y el ascenso dentro de la estructura social.

¿Qué os parece? ¿Eráis conscientes de esta interseccionalidad en la discriminación a las mujeres? ¿Qué medidas creéis que son necesarias para remediarlo?