Nosotras también pintamos: la mujer en el mundo del arte

¿Dónde están las mujeres artistas? Hacemos un recorrido por el panorama actual en el mundo del arte y como las mujeres siguen encontrando trabas para acceder a él.

La sensibilidad no tiene sexo. El arte, tampoco. Sin embargo, su cara visible es masculina y está representada por un hombre. Él: el genio, el talento, el artista. Ella: la musa, la inspiración, la segundona. Ylenia Álvarez, Hoy es Arte, 2015.

“¿Dónde están las mujeres artistas?”, es la frase que teclee en Google en busca de algo que explique este olvido. Gran sorpresa fue encontrar numerosos artículos y libros sobre el interrogante de las mujeres a lo largo de la historia. Se asume que el problema está superado, que es una cuestión antigua, de cuando no se creía que la mujer tuviera derechos, bien, ahora los tenemos, ahora pintamos, y, aun así, en las galerías somos minoría. ¿Por qué no hay un artículo, lejos del discurso de la otredad, que hable de ello?

Rescatando mi propia experiencia, recuerdo las clases de Historia del Arte en secundaria, un pequeño apartado opcional que apenas ocupaba dos horas y del cual sacaba unos estructurados apuntes sobre: Renacimiento, Barroco, Neoclasicismo…y una lista sin fin de nombres masculinos: Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Churriguera, Bernini, Velázquez, Dalí…Pero ni una sola mujer, salvo aquella que servía de inspiración para el artista. Y entre tantos raptos y venus trémulas, no vimos nunca que el papel de la mujer se reducía al de ser contemplada, rescatada; Alabada si es pura, juzgada si es “libre”. Y aún hoy, arrastramos esa triste concepción.

Aunque para ser justa, en mi vida laboral no veo ningún camino cerrado por ser mujer, ni creo que mis compañeros varones corran con más ventaja, pero las cifras gritan una mayoría masculina. ¿Entonces? ¿Cuál es el motivo de que el panorama del arte actual cuente con más hombres que mujeres?

Historia y mujeres

A lo largo de la historia, la autoría y por tanto los intereses, son de ellos, lo que hace proliferar la representación del cuerpo femenino y su desnudo. Diosas y Venus que hacían referencias a algún personaje de la historia, la Biblia o la mitología. Es así como se comienza a perfilar la mujer como objeto pasivo escudriñado por hombres artistas.

Sin embargo, el papel de la mujer como productora de arte se remonta a la prehistoria. Hay varios estudios que demuestran, mediante la morfología de la mano, que al menos la mitad de las huellas son femeninas. También, durante la Edad Media, las monjas participaban en la creación de códices que luego eran firmados por los monjes.

De modo que las mujeres nos desvinculamos del mundo artístico con la llegada de la Grecia clásica y su bipartición del orden social que abre una brecha en la educación, dando la oportunidad de estudiar a los hombres y negándosela a las mujeres. Esta no era una decisión aleatoria, ya que el curso natural de la mujer ya impedía su educación, lo común era que antes de acabar la escuela, estuvieran casadas y por tanto asumieran otros roles calificados de secundarios.

Es por eso que en el siglo XVII no faltaban mujeres con aptitudes artísticas, pero tenían que ser hijas de artistas para beneficiarse de una educación en este campo y en caso de ejercer, debían esconderse bajo seudónimos masculinos.

La falta de conocimientos formales priva a las mujeres de encargos prestigiosos, pero se especializan en temas menores como los bodegones, eso sumado a los seudónimos ha facilitado en gran parte su olvido.

Con la consolidación del movimiento feminista se empiezan a hacer retrospectivas y desenterrar algunos nombres como: Artemisia Gentileschi, Rosalba Carriera o Maria Cosway. Mujeres que técnicamente estaban a la misma o incluso a más altura que sus compañeros pero que tratando de respetar ciertas reglas culturales derivaban en un arte silencioso y apartado. Mujeres que a pesar de ser artistas sólo podrían medir su talento en referencia a un hombre, lo que llevó a algunas de ellas a masculinizar su arte, como por ejemplo la escultora alemana Milly Steeger, lo cual solo indica que hay que tener cualidades de hombre para ser tomada en serio. Este dogma de mujeres que producen obras que no son “de mujeres” indica que; el papel de la mujer emancipada no existe.

De hecho, si observamos la temática, encontramos multitud de autorretratos, según Ángeles Caso, (Ellas Mismas, 2016), este fenómeno surge de la necesidad de las mujeres de encontrarse a sí mismas, reflexionan una y otra vez acerca de su aspecto, no sólo por la tiranía de la belleza, sino también por el desconocimiento del cuerpo femenino, de sus cambios y ciclos

  • Artemisia Gentileschi

  • Rosalba Carriera

  • Maria Cosway

  • Milly Steeger

  • Jenny Saville

  • Frida Kahlo

  • Claude Kahun

  • Georgia O´kefee

Las nuevas generaciones, al tiempo que reescriben la vieja historia, van creando otras, una de mujeres que sangran (Saville), que son madres o no (Kahlo), que se sienten hombres o sin género (Claude Kahun) sexuadas y sexuales (O´kefee) y, por supuesto, nuevas historias del arte.

Actualmente es estupendo, sobre todo para gente de ámbito gráfico, encontrar la vorágine de inspiración que suponen plataformas como Pinterest o Instagram. Pero en su mayoría se exige algo más que pintar bien. La estética es un reclamo importante que se exige tanto a la obra como a la artista.

A pesar de los avances conseguidos, que son muchos, se nos sigue obligando a demostrar “algo más”, un plus de valía, un extra, un complemento.

Existe una cita demasiado vieja para tener autor: “La mujer es el cuerpo del arte” y aunque nos hemos salido del estrecho traje de “la musa”, lo seguimos siendo.

En definitiva, las mujeres estamos desvalorizadas en la sociedad y en el arte que se supone como vanguardia, se nota mucho más. Se nos ha introducido en un código estético y social anoréxico, pueril y débil. Para que haya más mujeres artistas necesitamos alcanzar la mitad de todo, y solo entonces podremos hablar de un arte sin género.

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